
Nos dieron el punto en un Centro Comercial!!!!!!!!
Nos aprobaron para funcionar en un Centro Comercial!!!!!!
En el momento menos pensado, cuando no lo esperábamos, lo que era un tema de conversación recurrente, un sueño alcanzable a largo plazo, estaba en nuestras manos para empezar a construirlo. Nadie pensaría al verme en ese momento, saliendo de una reunión celular en mano, con actitud y cara inexpresiva que estaba a punto de cambiar mi vida a partir de ese momento.
Con la misma cara taciturna me excusé para ir al baño, y apresurado devolví la llamada a mi pioja, quién no cabía de la emoción y yo tampoco... la verdad sea dicha, en ese momento llorar de felicidad, fue tan bueno como el mismo acto contagioso de la sonrisa y la carcajada prodigiosa.
Dentro del baño salté, reí, bailé, hablé y hablé, hasta que controlando el tiempo disponible, adopte de nuevo mi postura habitual y salí como un mortal más, una figura acartonada y figurín de ocasión en el pasillo defensorial, está vez pensando para mis adentros en los cambios que vendrían de ahora en adelante; sin visitas al Cachimbo o al Monte Sacro, sin tertulias largas sobre las posibilidades, los pro y los contras, el abandono de la “aparente” seguridad de un trabajo estable. Esta vez, se trataba de actuar inmediatamente, sin preámbulos, sin excusas, con plena seguridad de la nueva etapa que se iniciaba.
De vuelta en la reunión, ya no era el mismo. Al salir ese día del trabajo, me encontré con una compañera nueva con la que apenas había cruzado unas pocas palabras, improvisada, medio hippie que me preguntaba de manera cortes (y obligante), si me gustaría acompañarla a las cárceles la semana siguiente para asumir la gran labor liberadora que me propondría porque para eso estaba destinada mi vida desde el principio… ¿Y de cuando para acá, alguien que no me conoce tiene la potestad y el conocimiento de determinar que me depara la vida o a que situación me voy a enfrentar profesionalmente? Ciertamente, muchos “alguien” hasta ese momento lo habían hecho, lo que me permitió ir forjando mi carácter en el trabajo siendo oídos sordos a los comentarios, responsable, cumplido, comprometido, dispuesto a dar lo mejor; a cambio de credibilidad, respeto y consideración.
Mientras tanto, afuera transcurría la escena a la entrada del estacionamiento: la dejé feliz, asintiendo a todo lo que me decía, con la misma cortesía (y obligación) que ella me daba.
Ya afuera, manejando la tarde de un viernes cualquiera y comenzando el fin de semana, estaba convencido de que no regresaría ese lunes; y que entraría de nuevo a mi oficina sólo para presentar mi renuncia.
