martes, 8 de septiembre de 2009

En el transcurso


Soñar para mi, siempre ha sido el preludio de situaciones posibles.

Aunque para muchos, el sueño por si mismo es una gran pérdida de tiempo, para mí siempre ha sido gratificante vislumbrar por un instante, lo que puede ser absolutamente posible, aunque para el momento pueda ser que no se manifieste como una realidad.

Sé que vivimos en un mundo agitado, dónde hombres y mujeres nos identificamos con los títulos académicos, el cargo laboral, la marca del carro o del celular que usamos, los centímetros cúbicos de silicón que mostramos con orgullo por el arriesgado escote, o los brazos torneados por el duro esfuerzo de la dieta, los masajes y el gimnasio; en definitiva el yo, la primera persona como el fin último de las cosas que vivimos en estos tiempos convulsionados de cambios, ya sea para definir quienes somos o para vivir engañados en pro de otros, pensando que somos felices con la vida que llevamos.

No saben ustedes, cuantas veces pensé –y soñé- en cambiar. En dar el gran batacazo con impactante eco en los demás; mientras pensaba y pensaba; y la realidad imperante, me exigía presencia y esfuerzo, en mi lugar como pequeño engranaje dentro de otros muchos, que hacen funcionar el tosco mecanismo de la institución.

Más de una vez, ustedes (mi novia, mis amigas/os, y lejanamente mi familia), me escuchaban hablar de cuando en cuando de mi deseo de cambiar, de definir mi individualidad y conocer la independencia, mejorando mi situación en lo laboral y personal; mi deseo latente de casarme, tener familia e hijos; de vivir las situaciones y las emociones en esa dimensión de mi propio hogar, mis amigos y mi familia que hasta el momento sólo eran una quimera; sueños que se fueron convirtiendo en aspiraciones en alta voz y que salían en los momentos maravillosos de la caminata y el café, la cola para entrar al cine, la comida rápida en los restaurantes chinos de la zona…

Vivo perennemente de reunión en reunión, y recuerdo la aspiración que comparto en serio con mi pioja - así llamo cariñosamente a mi novia-, día tras días, semanas y luego meses y meses; vivo mi realidad de la mejor manera y calma, dentro del ambiente aprisionante en el que estoy la mayor parte de todos los días, siempre con mis amigos que me hacen las situaciones más agradables y llevaderas dentro de esta suerte de mazmorra, soportando de acuerdo al capricho del día los atropellos y desafueros de otros, defendiendo ante todo mi profesionalismo sin dejar de ser quien soy, evitando ser uno más del séquito de aduladores con título que terminan sirviendo el café o riéndose de las aburridas ocurrencias del jefe recién llegado; todo por ganar algo de indulgencia y atención, ante el nuevo emperador azteca.

Cambiar parece y se dice fácil, pero créanme, no es tan sencillo como parece… con lo cual no quiero decir que sea imposible

Cierto día, en plena y tediosa reunión, vibró dentro de mi bolsillo el celular.

2 comentarios:

  1. Me encanta, tienes esa magia de atrapar a los lectores que te seguimos, y la verdad siempre nos dejas con ganas de mas y mas...TE FELICITO

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  2. QUienes te seguimos, queremos seguir leyendote, te extrañamos!

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